Igualdad



Iniciamos desde hoy hasta el 8 de marzo, Día de la Mujer, una breve serie que nos acercará a conocer el trabajo realizado por mujeres nacidas o que viven en Sangüesa-Zangoza, en distintas disciplinas, ciencia, música, diseño, política, voluntariado… Son sólo un ejemplo de un trabajo imprescindible en la construcción de nuestra comunidad, en la toma de decisiones, en el mantenimiento de tradiciones, en la trasmisión de conocimientos o en la atención de los vulnerables… Un trabajo realizado y a menudo no contado porque nos bastaba con saber que las cosas se quedaban hechas, daba igual quien las hiciera.

Conocer su trabajo para valorarlo es necesario en nuestra sociedad, dar el paso de contarlo ha sido difícil para algunas de las mujeres entrevistadas por ello queremos darles las gracias por las dos cosas: por hacerlo y por contarlo.

Comenzamos por una mujer “Incuestionable” la semblanza realizada en la campaña que con ese nombre llevó a  cabo en 2020 Cruz Roja, de:

Una mujer para recordar: Fermina de Ripalda (por Javier Solozábal)

El 8 de marzo, Día de la Mujer, debe ser un día para la reivindicación. Por suerte no vivimos la época de nuestras madres, ni ellas la de nuestras abuelas, pero aún queda camino por recorrer hacia la igualdad real en muchos ámbitos. Sin embargo, junto a la “lucha” también debe haber hueco para el recuerdo. Tantas mujeres, del presente o del pasado, anónimas o no tanto, a las que debemos el progreso en derechos y libertades que hoy, pese a todo, disfrutamos.

Y es que, repasando la rica historia de Sangüesa-Zangoza, recordar a una mujer clave: Fermina de Ripalda. Tiene una calle a su nombre.

Fermina de Ripalda nace en 1753 y, aunque no lo hace en Sangüesa, es una de nuestras mujeres más relevantes. A ella le debemos la creación del primer colegio gratuito de educación básica para niñas, allá en 1825, cuando solo se atiende a los niños. A ella también le debemos, sea dicho de paso, la capilla donde se guardaba al patrón San Sebastián en la hoy más que abandonada iglesia de San Salvador.

Sabedora de las deficiencias en la enseñanza de las niñas sangüesinas (el propio Ayuntamiento de la época reconoce dificultades económicas por la no tan lejana (Guerra de la Independencia) y, seguramente, consciente de la importancia que tiene en su desarrollo como personas, Ripalda dona a la ciudad en 1824 su palacio, adosado a San Salvador (hoy desaparecido y reconvertido en aparcamiento). Es ahí donde establece el colegio femenino que echa a andar al año siguiente. Para financiarlo, crea una fundación con su nombre que gestiona todos sus bienes donados. La educación la encarga a las Hermanas de la Caridad San Vicente de Paúl (hay que tener en cuenta el tiempo histórico), a las que consigue traer a la ciudad y a quienes Sangüesa acabará confiando también la residencia de ancianos (de ahí su nombre oficial). En 1835, Ripalda fallece a los 82 años, aunque su fundación y las donaciones de otras personas siguen impulsando la escuela.

Casi 100 años después de arrancar el proyecto, el palacio se encuentra en mal estado y las autoridades deciden clausurarlo (acabará derribado). Pero la Diputación de Navarra, en 1925, cede al Consistorio el Campo del Toro para construir un nuevo edificio. Nace, aquí, en 1930 el colegio de chicas La Inmaculada, al que hoy llamamos IES Sierra de Leyre. Más tarde, a inicios de los años 70, la Enseñanza Primaria de niñas pasa a depender del Estado y el Colegio Público Luis Gil se convierte en mixto, atendiendo así tanto a niñas como a niños.