Ayuntamiento Sangüesa / Zangozako Udala

Este sitio web utiliza cookies propias y de terceros para optimizar tu navegación, adaptarse a tus preferencias y realizar labores analíticas. Al continuar navegando aceptas nuestra Política de Cookies.
08 de septiembre de 2022

CECILIO ESEVERRI CHAVERRI, acercamiento a la vida de este sangüesino, testigo y parte del nacimiento de la mentalidad sanitaria del siglo XX y doctorando a los 91 años.

Foto noticia

Nació Cecilio Eseverri Chaverri en Sangüesa, en la calle San Miguel, o mejor, como a él le gusta decir “nací a la sombra de un castillo”. Su calle marcó una niñez en la que los mocetes se juntaban en la cuesta de “Lucas”, de tal modo, que le dedicó el primero de sus cuentos. El nombre delata la fecha: 21 de noviembre (muy cerca de la fiesta de la Patrona de los músicos) de 1930. Estudió en el Colegio Luis Gil hasta los catorce años. De su profesor, Faustino Garralda, guarda un grato recuerdo, Cecilio era un niño con problemas de salud y perdía muchas clases. Gracias a la comprensión de su profesor y a los refuerzos que recibía en verano del “maestro de Carajeas” sacó adelante sus estudios primarios.

A los catorce, años en una familia de cinco hermanos, la disyuntiva era el huerto o la viña. Pero en ese momento, la vida de Cecilio no siguió por el camino que parecía tener marcado.

-¿Qué sucedió entonces?

Mis padres querían mandarme cuando tuviera quince años a los Salesianos a Pamplona, para que aprendiera un oficio pero vinieron a Sangüesa unos frailes y nos hablaron de su colegio. Y allí dije “me voy, me voy… que todavía estoy!”

Cursé bachiller en Barcelona pero no se hacía como ahora. Yo, el primero de bachiller lo hice a los 25 años, cuando intuí que el mundo iba a cambiar.

-En 1955, con 25 años, intuiste que el mundo iba a cambiar!

Me di cuenta de que el mundo iba a cambiar porque hasta entonces no había cambiado nada pero en ese momento se veía el mundo de otra manera, se empezaba a ver. Me inscribí en junio para ingreso de Primero y Segundo de Bachiller, había pensado hacer en septiembre Tercero y Cuarto. En el examen de ingreso tropecé con una división. No me salía, yo veía a todos los demás (chicos de nueve años) que terminaban su examen y se iban y yo allí estaba, atascado. Le dije al profesor que nos vigilaba lo que me pasaba y él me respondió que dejara la división “y ya veremos”. Y aquel hombre me aprobó. Le estoy, no sé quién es, pero le estoy eternamente agradecido, con 25 años, si por una división, no salgo adelante hubiera sido un fracaso vital, me veía fracasado mentalmente, físicamente y socialmente; pero aquel hombre me aprobó la división… inconclusa.

-Terminaste Tercero y Cuarto de Bachiller.

Sí y estudié Enfermería, que en ese momento no era una carrera universitaria. Aparecieron en el Hospital San Juan de Dios de Barcelona dos profesionales de Estados Unidos de unas disciplinas desconocidas en España por esa época y que a mí me encantaron. Fue la primera trabajadora social contratada en un Hospital y tanto nos entusiasmó que otros dos compañeros y yo, tres, decidimos estudiar esa disciplina. Pero por hobbie, tanto es así que no había escuela masculina en Barcelona.

-Ya comienzas tu etapa laboral en este Hospital.

Sí, es un milagro de la ciencia lo que voy a contar. Era un hospital para enfermos de poliomielitis y osteomielitis. Una enfermedad crónica, tanto es así que teníamos un sanatorio en Calafell (Tarragona) especializado en tuberculosis ósea. Pero en aquella época apareció la penicilina y la estreptomicina. Bueno, en un año hubo que cerrar en España cantidad de hospitales infantiles. Nosotros cerramos el de Barcelona, Valencia, Calafell, Badalona hasta ocho o diez hospitales.

-Al cerrar hospitales se necesitaría menos personal.

Así es, pero a la vez fue cambiando la mentalidad sanitaria. En vez de ser hospitales especializados en estas enfermedades, decidimos hacer en Barcelona un hospital general para todas las patologías. Mi Orden, la de San Juan de Dios, decidió vender el hospital de Barcelona situado en plena Diagonal, el de Calafell, situado a 20 m. de la orilla del mar (ahora es un hotel) el de Valencia… y con eso y limosnas construimos, en un montículo en el parque Cervantes, el que hoy es uno de los dos o tres mejores hospitales infantiles de España.  (Hospital materno infantil Sant Joan de Déu)

El Hospital se inauguró en el año 1972, la venta de recursos fue diez años antes.

-Durante todo este tiempo dedicado a conseguir los fondos y la  construcción del hospital ¿a qué te dedicaste?

En el nuevo hospital me dijeron que me iba a encargar de la Enfermería. Yo la Enfermería la había trabajado pero no dirección. Intenté comprar libros sobre el tema pero sólo encontré uno, norteamericano, de Gestión de Hospitales traducido al español y editado aquí, sólo existía ése. Coincide que en aquella época, la década de los 70, hubo en Barcelona un gran movimiento de gestión hospitalaria. En colaboración con el gerente del Hospital Clínico y la del Hospital Sant Pau (Elvira Aguilera) y nuestro Hospital llegamos a publicar una revista “Todo Hospital” durante varios años.

En colaboración con la Universidad de Comillas que tenía en Barcelona una Facultad de Dirección de Empresas propusimos la puesta en marcha de los estudios de Gestión de Hospitales. Simultáneamente vino de los Países Bajos el doctor Aragó que había estudiado Dirección de Hospitales en Bélgica, el único titulado de todo el estado.

A la vez, el hospital se iba edificando, diez pisos de altura, al lado tenía otro pabellón y otro pabellón de maternidad para cuarenta o cincuenta habitaciones, un bloque quirúrgico, en fin, un gran hospital que ahora se ha ampliado.

-Y con el hospital a punto de terminarse te encomendaron la Dirección de enfermería.

Yo me imaginaba: en el hospital viejo, había dos auxiliares, un enfermero, yo, que trabajaba en el laboratorio, hasta seis trabajadores en ocasiones. En el hospital nuevo con lo grande que va a ser seremos por lo menos cincuenta, después resultó que éramos 600, de enfermería solamente.

Yo, me dije, de dirección de enfermería no sé nada, tengo un año para la inauguración del hospital, quiero ir a la Escuela de Dirección de Empresas. Me convalidaron asignaturas por mis estudios de Enfermería y Trabajo Social y pude cursar la Gestión de empresas en un solo año. Terminado el año empecé a programar el personal junto con un estudiante de Medicina que trabajaba a la vez de auxiliar por la noche, lo nombré “mi auxiliar” que pasaba a máquina lo que yo escribía a mano por la mañana. Iba describiendo técnicamente las funciones de puestos de auxiliar, camillero, enfermeras, de supervisoras, de especialistas, de jefes de enfermería y del director de enfermería con algo de filosofía porque entonces no había nada aunque yo tampoco sabía mucho.

Entonces inauguramos el hospital funcionando según las normas que había. Se trataba de un hospital con cierta fama, con 1.100 profesionales… había que resolver la falta de formación en Enfermería. Creamos una Escuela de Enfermería, y yo fundé con el Rector de la Universidad, una Escuela de Dirección de Enfermería en la Universidad Central de Barcelona. La única que había en España.

Esta Escuela era “estilo americano”, sólo los viernes se daban clases y se ponían deberes para hacer en casa. Se daban las clases en el comedor que alquilé en el restaurante que había al lado. A las doce se servía un café y lo mismo a las cinco de la tarde. Rompimos el esquema del aula clásica. Esto gustó, venía gente de fuera de Cataluña.

Propuse la idea de enseñar metodología de asistencia al niño enfermo, al diabético, al que tiene cáncer, un trauma etc., unas metodologías innovadoras. Yo contrataba al profesor que iba a impartirlas un año antes, les entregaba una planilla de cómo debía ser la formación, tanto de introducción, tanto de cuerpo de doctrina, tanto de conclusiones, tal metodología y citas bibliográficas. Compré una máquina de escribir, la más moderna, que hacía letras de molde y preparaba un libro de cada curso. Venían alumnos de todas España, hasta 300. Publicamos catorce libros de los catorce cursos que hicimos.

Estos catorce no los cuento como míos, los dirigía yo pero no los cuento como míos. Los míos propios son sólo… 31.

-Vaya Cecilio, ¡esto ha sonado un poco “chulico”!

¡Es que soy de Sangüesa!

-No nos desviemos, estábamos con la metodología de la Escuela de Enfermería…

Este sistema lo estuvimos haciendo durante 16 años, A los 16 años, el hospital entró en crisis: trabajamos 400 camas, más de 3000 visitas diarias de consultas y entonces empezó a ir mal. Como solución el director propuso para reducir costes reducir enfermería. Le contesté que por qué no reducía el número de médicos. Aquello fue un todos contra mí y yo contra todos.

Estas diferencias de opinión en cuanto a la necesidad de reestructurar la gestión del hospital en ese momento de crisis, con huelgas de los trabajadores propiciaron la salida de Cecilio cuyas opiniones no fueron tenidas en cuenta.

-Y en ese momento ¿a qué te dedicaste?

Me fui a trabajar a un albergue de marginados, con drogatas, con borrachos, en pleno Barrio Chino de Barcelona, estuve cuatro años, muy a gusto.

Y como a las mañanas tenía un rato libre estudié Teología porque me quedaba muy cerca la facultad. Pero no para ser cura, que yo nunca he querido ser cura, soy fraile pero no cura pero sí como formación base porque quería ser escritor, me fue muy bien para profundizar en la Filosofía.

-Has escrito 31 libros de temas muy diversos.

Publiqué dos de gestión de hospitales ya en 1975 el primero (Organización y Dirección de Enfermería) y en 1982 el segundo. Ahí me di cuenta de que la enfermería en España seguía muy anticuada, estuve investigando la historia de la enfermería y tuve la suerte de que me pidieron pertenecer al Consejo Nacional de Enfermería por entonces éramos 200.000 profesionales. Allí dirigí la Revista Internacional, las reuniones se hacían en Madrid cada quince días, que nunca eran quince días porque nos llamaban de urgencia siempre antes.

Aprovechaba los viajes a Madrid para ir a la Biblioteca Nacional o al Archivo Nacional para investigar y fotocopiar material. Y por la tarde me iba al teatro. A mí el teatro me gusta mucho, tanto es así que tengo dos obras escritas y ¡estrenadas! Una sobre los enfermos de SIDA, una vida dura, muy dura.

En el Archivo de la Catedral de Pamplona fui a ver el Libro Redondo, del siglo XIII, recoge la historia de un enfermero que había comprado un hospital en Pamplona y con todo este material escribí el libro sobre la Historia de la Enfermería española e hispanoamericana. La primera edición se agotó y fue reeditado. Es conocido también en América y se cita en la bibliografía de otros trabajos y libros en EEUU y Latinoamérica y aquí en España en las Universidades de Sevilla y Alicante sobre todo.

Además Cecilio ha escrito libros relacionados con su pueblo: “Sangüesa cuentos y narraciones”, “Sangüesa cabezudos y cabezudas” en beneficio de ANECS entre otros.

-¿Tras tu etapa en el albergue para drogodependientes?

Fui tres años director en un Colegio de Zaragoza, otros tres años en Madrid en la “Internacional” la actividad de la Orden dirigida a todo el mundo, sobre todo África y Sudamérica y ahora Ucrania, donde fui el fundador de “Juan Ciudad” una ONGD para la salud.

Y después recalé en Palencia donde trabajé en un “manicomio” como trabajador social durante diez años cuando ya me retiré. Era un centro de día donde los pacientes venían a hacer terapias hasta las cinco de la tarde, una metodología muy bonita sobre la que escribí en 2016 un cuento sobre la asistencia a los enfermos de esquizofrenia. Al ser un cuento los familiares podían leerlo y asimilarlo con más facilidad.  Lo he preparado para la reedición con la ayuda de un compañero que ha hecho la maquetación y una compañera que se ha encargado de los dibujos.

-Vemos que sigues muy activo  ¿mantienes tus visitas a Sangüesa?      

Vengo en verano y en fiestas. Salvo este año pasado y el otro no he faltado ninguno. Vengo para fiestas y para Reyes a casa de mis sobrinos Pedro y Sonia.

Estoy preparando mi posible “Tesis doctoral” dirigida por la doctora Laura Martínez y un Doctor de la Universidad de Granada.

Y sigo escribiendo, colaborando con artículos en la Revista de la Orden de San Juan de Dios. El último que he publicado como firma invitada es “Sanitarios: profesionales, no sólo técnicos”

Recoge ese artículo la filosofía de los cuidados que ha inspirado toda la vida de Cecilio, una vida que ha pasado cuidando de los demás con calidad y calidez, atendiendo con técnicas y profesionalidad a las personas en estado de decrepitud, de debilidad, de enfermedad, dolencia, en riesgo de vulnerabilidad. La Filosofía impregna su trabajo como enfermero o trabajador social, su labor de escritor… “He estudiado muchas cosas, enfermería, trabajo social, gestión de empresas, Teología, pero soy una unidad, soy un Hermano de San Juan de Dios que ha procurado formarse siempre individualmente, es decir, no mandado por mis superiores. Y así he estudiado todo lo que he estudiado aprovechando los resquicios de tiempo que he tenido, el que me ha dejado mi trabajo”

Lleva el nombre de Sangüesa allá dónde va, cuando sus hermanos en Palencia le consultan cualquier cuestión, la pregunta es: “Y esto … ¿cómo se hace en Sangüesa?”

NOTICIAS RELACIONADAS

Facebook
Instagram
whatsapp